Muy de actualidad está el caso de Eluana Englaro, de una chica italiana que lleva 17 años en coma y que la familia quiere dejarla morir tras saber (hace años ya) que su coma es irreversible.
Según la familia, Eluana dijo antes de tener el fatídico accidente que la dejó en coma, comentó que no le gustaría estar en tal situación.
El problema viene cuando quieres poner fin a la vida de esa persona y no te acusen de homicidio (o asesinato, no se cuál sería el termino legal).
Los máximos tribunales italianos reconocieron el año pasado que el coma era irreversible y que se le debería dejar morir, después de más de 10 años de juicios.
Durante esta semana, se le ha llevado a un nuevo centro para retirarle la alimentación e irla preparando para morir, pero el dictador presidente italiano Silvio Berlusconi sacó un decreto de urgencia para prohibir la interrupción de alimento a Eluana, pero para que tuviese efecto, debería de ratificarla el presidente de la república, Giorgio Napolitano, pero se negó a firmarla, en un precioso gesto de humanidad.
El Vaticano, para variar, cree que dejar de alimentar e hidratar a la mujer sería equivalente a la eutanasia, y se ha situado al lado del dictador presidente, criticando a Napolitano por su decisión.
Pero la pregunta es, ¿qué tiene que ver la Iglesia en un asunto, que a lo sumo, debería de ser de estado? Pues nada, ahí esta siempre la gran secta extendiendo sus tentáculos sobre el poder político.
¿Y Berlusconi? ¿Qué haría el después de estar tanto tiempo cuidando de un familiar que sabes que no va a despertar? ¿Acaso duda de que su familia realmente quería y quiere a su hija, hermana, prima o nieta? Me parece, poco menos, que increíble la actuación de éstos personajes.
Desde aquí brindo mi apoyo a la familia de Eluana, y mi comprensión.
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